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Querida Carolina

Fue un placer visitar su pais. No imagina lo que le agradecí su visita al Hotel, por dos veces además y sus consejos apoyados en esa magnífica documentación informática que me mostró....

José Miguel Samaniego
España
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Puno: Fiesta a la Virgen de la Candelaria inspira diseños de alta moda

La fiesta de la ‘Mamita Candelaria’ atrae a más de 100,000 turistas y se replica no sólo en diversas regiones del país, sino también en Bolivia y Chile.
Lindas prendas inspiradas en los trajes de las danzas puneñas y contagiantes y pícaras comparsas se luce en la festividad de la Virgen de la Candelaria, que Puno celebra en febrero.
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Cultura Wari

Perú: Segundo horizonte cultural andino


La cultura Huari o Wari, fue una civilización andina que floreció en el centro de los Andes aproximadamente desde el año 600 hasta 1200 d. C., llegando a expandirse hasta los actuales departamentos peruanos de Lambayeque por el norte y Arequipa por el sur.

La ciudad más grande asociada a esta cultura es Huari, que se encuentra ubicada a 25 kilómetros al noroeste de Ayacucho. Esta ciudad, fue centro de un imperio que cubría la mayor parte de la sierra y la costa del Perú actual. El imperio Huari estableció centros arquitectónicos distintivos en muchas de sus provincias, tales como Cajamarquilla o Pikillacta.

Su principal actividad era de carácter militar. Combatieron a lo largo y ancho del territorio peruano, conquistando los diversos señoríos de su tiempo. También tuvieron grandes centros religiosos como Pachacámac.


El Imperio Wari (700 a 1200 d. C.)

La presencia del Dios de las varas en las vasijas rotas Huari que se asemeja a una divinidad que aparece grabada en la 'Puerta del Sol' de Tiwanaku, indicaría influencia cultural tihuanquense. Esta imagen aparece dibujada en unas grandes urnas ayacuchanas que se conocen como estilo conchopata, pues éste es el sitio donde se les encontró por primera vez. La influencia de Tiahuanaco, así como la de Nasca seria crucial en la formación cultural y religiosa de esta cultura. En Ayacucho existió la cultura huarpa, que desarrolló importantes contactos económicos con Nasca, permitiendo que en Ayacucho se produjera un notable desarrollo de la producción artesanal y cultural.

Los Huarpas abandonaron sus pueblos para reunirse en la ciudad de Huari y otras cercanas. Estos pobladores tenían una larga tradición militar debido a las constantes luchas por los recursos en las montañas. Estas son las condiciones que permiten el tránsito de huarpa a huari, entre los años 560 a 600; se desarrolló una cerámica ceremonial conocida como 'robles moco' que tiene un área mayor, que involucra al menos las regiones de Ayacucho, Ica, Nasca, el valle del Santa y por la sierra hasta el Callejón de Huaylas.

En la ciudad de Huari, se pueden observar edificaciones monumentales como edificios públicos de varios tipos, mausoleos, templos y residencias, siendo las más conocidas las del sector denominado Uspa Qoto, Capillayoq, en el sector llamado Cheqowasi hay unas cajas de piedra muy bien labradas, son una especie de mausoleos con varias cámaras; son subterráneos. Debieron servir para la preservación de cadáveres de importantes dignatarios de la ciudad. Al pie de los muros que delimitan los edificios hay una gran red de canales para el abastecimiento del agua.

Cubre una extensión aproximada de 120 hectáreas en su parte más densa, donde vivi<p>seron algunos miles de familias. La ciudad está construida con piedras rústicas, con murallas muy altas hechas de piedra y barro, con terrazas y plataformas hechas también con ese material.

En la ciudad de Huari se producía finísima cerámica policroma, bellos tejidos también policromos, pequeñas esculturas de turquesa, joyas y otras artesanías.


Expansión Wari

Dentro de las tres grandes épocas de los huari, la segunda época (siglo VII a X) es de máximo apogeo y está representado por el estilo de cerámica llamado propiamente huari, con sus variedades regionales: Viñaque, Atarco, Pachacámac, Qosqopo, etc. Esta es la época imperial huari, cuando su expansión alcanza Lambayeque y Cajamarca (por el Norte) y llega hasta Moquegua y Cusco (por el Sur). Desde Cusco hasta Chile y este de Bolivia se extendía Tiahuanaco.

Los huari lucharon y conquistaron los pueblos cercanos mediante un ejército cuyas principales armas fueron las hachas de piedra , porras de metal ,arcos y flechas. Los huari introducen una concepción nueva de la vida urbana, implantando el modelo de gran centro urbano amurallado.

Las ciudades huari más conocidas son Pikillaqta (en el Cusco) y Wiracochapampa (en Huamachuco, La Libertad), que a su vez son los territorios extremos del imperio.

La ciudad de Huari basó principalmente su economía en la explotación imperial, es decir en la explotación de las colonias que fue conquistando mediante la guerra, tanto los tributos de las colonias como otros factores de dominación, permitieron el mantenimiento de esta gran ciudad.

La tercera época es de declinación y descomposición política económica de huari, con el abandono de la ciudad y la pérdida de su control sobre las antiguas colonias.

Después del siglo XI, los pueblos sometidos al imperio huari retoman su camino independiente de desarrollo, y Ayacucho ingresa a un etapa de franco subdesarrollo con abandono del patrón de vida urbano y retorno a una reducida población rural aldeana, similar a las tempranas fases de Huarpa.

Las diferentes regiones del imperio se fueron independizando del poder de la capital y finalmente esta quedó abandonada y acabó siendo saqueada. Luego de desaparecer el poder imperial las grandes ciudades fueron abandonadas y en muchas regiones se regresó a la vida basada en aldeas poco desarrolladas, Otras regiones, sin embargo se embarcaron en un nuevo florecimiento regional fundándose de esta manera los reinos y señoríos del periodo intermedio Tardío tales como Lambayeque, Chimu, Cajamarca, Chancay, el señorío chincha o el proto señorío inca.

Sin embargo, los enfrentamientos entre estos grupos no acabaron y la formación de ejércitos, batallas e intentos de conquista continuaron hasta el fin del Imperio Incaico.


Organización Económica

Wari era un estado con un fuerte desarrollo urbano, aun cuando en zonas más periféricas conservaba un carácter aldeano y campesino. Mantuvieron intercambio económico y cultural con otros estados, especialmente con Tiwanaku, con el cual aparentemente las relaciones eran tensas. Su economía estaba basada en la agricultura de productos como el maíz, la papa y la quinua, así como en la ganadería de llamas y alpacas. Wari fue una sociedad urbana que canalizaba su economía partir de una fuerte planificación. Como resultado, la ciudad se convirtió en el motor de la producción y la distribución de la riqueza agropecuaria y manufacturera.

Los Wari impulsaron grandemente la agricultura intensiva, la producción masiva de bienes y productos y un activo intercambio comercial. Para aumentar la producción agrícola de las provincias y obtener excedentes para reforzar el abastecimiento de la región ayacuchana cuya agricultura no alcanzaba a satisfacer las necesidades de una numerosa y creciente población urbana, los Wari impulsaron la construcción de importantes obras hidráulicas en todo el Imperio; de ellas quedan restos en los valles de Moche y Virú. En la Comarca de Lima es probable que hayan ampliado la canalización del río Surco para irrigar la parte media del valle del Rímac y la Rinconada de Nieveria, donde se asienta Cajamarquilla (Juan Gunther, Comunicación oral).

Para aumentar la producción y productividad de los artesanos provincianos, los Wari promovieron el uso de sistemas que facilitaban la fabricación de ciertos bienes, logrando la estandarización y producción en serie de los mismos. Tal fue el caso de la cerámica en la que se popularizó el uso de moldes logrando una producción masiva de objetos de gran demanda popular. En toda la costa se practicó dicho sistema, especialmente durante la época tardía en la que se desarrollaron los estilos epigonales, siendo las cerámicas de Lambayeque y Chancay los casos más notables de moldeado.

Asimismo, en la construcción arquitectónica se introdujo el empleo de moldes para la fabricación de muros mediante el vaciado y apisonado de barro dentro de ellos. El paño de muro resultante, conocido con el nombre de "adobón", constituye un elemento modular de medidas constantes y rápida ejecución, que facilita grandemente la edificación y produce una arquitectura de características propias y definidas. Toda la costa está llena de restos arquitectónicos de este tipo, siendo el ejemplo comarcano más notable de esta forma constructiva la ciudad de Cajamarquilla.

El activo comercio practicado por los Wari determinó la construcción de grandes centros de almacenaje y de extensas redes de caminos. Ejemplos de lo primero lo constituyen los numerosos Centros Administrativos Wari que existieron en la Costa y en la Comarca la ciudad de Cajamarquilla, con sus extensas y numerosas zonas de colcas y depósitos.

La actividad comercial Wari, que recogía la producción de las regiones costeñas para intercambiarla con la de las serranas, debió ser de gran importancia y ocupar a numerosas personas, pues deja una honda huella en los hábitos de los pobladores Yungas. Tenemos así que, en el periodo posterior, gran parte de los costeños se dedicaba únicamente al comercio, llegando a constituir hasta un tercio de la población en el valle de Chincha.

Los caminos debieron jugar un rol vital en el Imperio Wari; no cabe imaginarse su existencia y funcionamiento sin una extensa y eficiente red caminera que sustentara sus relaciones político-económicas. Como todo estado despótico su seguridad y bienestar dependían de la rapidez de las comunicaciones, de la celeridad con que pudieran trasladarse sus fuerzas, conquistadoras o represivas, y del permanente abastecimientos de la metrópoli. Dichos caminos existieron vinculando Wari con todos los Centros Administrativos Provinciales del Imperio, aunque no conozcamos en la actualidad huellas de los mismos. Unos deben de haber desaparecido por acción del tiempo, otros deben de haber sido involucrados en la red caminera que los Incas implementaron, usando y ampliando las viejas vías existentes, es posible que algunos todavía subsistan escondidos por las anfractuosidades naturales y el polvo de los siglos. Es evidente que en alguna forma rápida y segura debieron comunicarse los Wari con la Costa Central y que Cajamarquilla debió conectarse eficazmente con Ayacucho y con los otros Centros Administrativos de la costa. Parece que la vía de comunicación con la sierra partía de Cajamarquilla y a través de la quebrada de Huaycoloro llegaba hasta Jicamarca, comunicaba el Rímac con el Chillón, ascendía por la cuenca de éste pasando por Canta y Chulguay y seguía cuesta arriba hasta encontrarse con el camino interandino que vinculaba las serranías de Cerro de Pasco y Junín con el valle del Mantaro y las pampas ayacuchanas. La vinculación de Cajamarquilla con el norte debió realizarse pasando al valle del Chillón, probablemente a través de Canto Grande, y luego remontando la quebrada de Quilca a partir de Trapiche, para seguir por Huacho y Palpa hasta Huaral. El camino entre Trapiche y Huaral es usado hasta la fecha y su construcción es adjudicada a los Incas, pero es poco probable que sea así porque la sinuosidad de su desarrollo no coincide con el rectilíneo trazado de las vías incaicas.

El camino al sur relacionaba Cajamarquilla con Pachacámac, pasando posiblemente por Catalina Huanca y las pampas de Manchay para descender por el cauce del río Lurín hasta el Santuario y seguir hacia Nasca. El punto en que el camino se encontraba con el río debe haber sido el llamado Tambo Viejo, en Cieneguilla, sitio en el que todavía existen los restos de una población prehispánica construida con adobón o tapial. Por ese sitio remontaba al curso del río el camino de las peregrinaciones religiosas que, partiendo de Pachacámac y pasando por Huaycán, Sisicaya, Langa y Huarochirí, llegaba a los nevados de Pariacaca, luego el camino proseguía hasta arribar a Jauja, situada sobre la vía interandina que unía a Ayacucho con las provincias serranas del Imperio.


Manifestaciones artísticas de la Cultura Wari

La alfarería Wari se muestra como un crisol de tres distintos estilos. Muchos de sus diseños presentan semejanzas formales con los personajes de Tiwanaku y Pukara, tales como los chamanes alados o el "Personaje de los Cetros", mientras que las formas de las vasijas destacan por sus botellas de dos golletes que evocan la cultura Nasca. La cerámica era policroma y su acabado de superficie era muy pulido. Hay piezas policromas de grandes dimensiones y muy decoradas que, probablemente, tuvieron usos ceremoniales y demuestran el alto nivel técnico de los ceramistas, con una producción a gran escala. Los Wari también alcanzaron gran maestría en la elaboración de textiles, especialmente en telas policromas, brocadas y dobles, así como el uso de plumas para el decorado. La talla, tanto en madera como en piedra y hueso, llegó a altos niveles estéticos y tecnológicos creando objetos de índole ceremonial y de adorno personal. En Pachacámac se encontró en los alrededores del Templo Viejo una talla de madera que posiblemente representa a ese dios, dada su similitud con la descripción que hace Miguel de Estete del ídolo de Pachacámac. El dios, bifronte y hermafrodita, ocupa la parte superior del madero, lleva atributos correspondientes a sus funciones y cualidades y esta rodeado de símbolos y figuras de la mitología Wari, encontrándose actualmente en un lugar de honor en el Museo de Sitio del Santuario. En ese mismo local y en otros repositorios limeños se pueden apreciar objetos finamente labrados en turquesa, piedras semipreciosas, obsidiana, hueso y concha, que representan personas, animales o aves, destinados tanto a fines funerarios como al acicalamiento personal al que fueron tan afectos los Wari. Existieron pocos objetos de metal, usándose sin embargo la plata, el oro y el cobre en la fabricación de adornos y útiles diversos. El cobre también se usó en forma de planchitas que se colocaban en la boca de los muertos para asegurarles el viaje al otro mundo. Asimismo, se produjeron objetos e instrumentos de bronce, aleación que se había inventado en la época y que a la fecha todavía no lograba desplazar al cobre en la fabricación de armas y herramientas.

La cerámica ocupa un lugar destacadísimo entre las artes del periodo. El estilo Nieveria, coma ya se ha indicado, se enriqueció incorporando a su decoración la temática Wari y aumentando la policromía de su colorido. En las lomas de Lachay apareció un nuevo estilo Wari, bautizado con el nombre de Teatino, de formas simples y rotundas, de color rojo opaco y decoración incisa de motivos tiawanaquenses, cuya difusión se localizó en el valle de Chancay y parte de la cuenca del Chillón.


Organización Social de la Cultura Wari

La sociedad de los Waris, paralelamente a la agricultura, desarrolló la producción artesanal a un alto nivel, manufacturando objetos de metal, piedras, turquesa, cerámica, tejidos, entre otros.Su extensión fue de 400 hectáreas y una población aproximada de 50 mil residentes.

La superpoblación de la ciudad, el abandono del campo y quizás una sequía origino la carencia de productos alimenticios que por un corto tiempo debió solucionarse mediante el intercambio de artesanías por productos agrícolas hasta que fue insuficiente y optaron por la conquista por medio de la guerra, ósea por la explotación de las colonias conquistadas, esto debió ocurrir entre los años 800 dc. al 1200 dc.; llegando a constituir su imperio que abarco desde Cajamarca y Lambayeque hasta Sicuani y el norte de Arequipa. Los tributos se hicieron posible al mantenimiento de las grandes ciudades fundadas como colonias y crearon al mismo tiempo un intercambio de productos e ideas similares a lo largo y ancho de los andes centrales. Debido a su orientación urbana y militar, Wari mantenía una fuerte jerarquía social, encabezada por las clases dirigentes. Los sacerdotes y en especial los guerreros, debieron haber ocupado un lugar importante dentro de la sociedad, la cual ejercía su poder desde los centros urbanos. Esta pirámide social tenia en su base a un gran masa de agricultores y pastores. Algunos piensan que Wari y Tiwanaku formaban un estado dual, donde Wari mantenía el centro del control político y militar, mientras Tiwanaku se encargaba de las actividades más ceremoniales. Si bien ésta es sólo una hipótesis sin mayor fundamento, es indudable que ambos imperios mantuvieron conexiones, así como rivalidades económicas y políticas.

En lo social el aporte Wari fue especialmente trascendente y significativo, pues, como ya se ha indicado, los warinos hicieron la revolución urbana, dieron lugar al nacimiento del estado, secularizaron la sociedad y el poder, organizaron las comunidades en ayllus, inventaron la planificación y el urbanismo e impusieron sus patrones de asentamiento urbano en todo el mundo andino. En la Comarca, salvo Cajamarquilla, no quedan otros restos materiales de la actividad Wari en el campo del urbanismo, pero en la estructura de la sociedad Yunga de la época el impacto fue notorio y los cambios importantes. El resultado de los mismos se aprecia con claridad cuando se estudia la organización y realizaciones de los señoríos y cacicazgos de los valles comarcanos en el periodo siguiente o se advierte la estructuración dual que muchas comunidades campesinas tienen hasta hoy.


Organización Política-militar

Para asegurar sus conquistas y administrarlas debidamente los Wari establecieron, en puntos estratégicos del territorio imperial, enclaves que oficiaban de centros administrativos y lugares de captación de recursos provinciales y remisión de los mismos a la metrópoli. Crearon así, planificadamente, los centros de Viracocha Pampa, en Huamachuco, Vilca Huain, en Huaraz, Wari Vilca, en Huancayo, Cajamarquilla, en Lima y Piqui Llaqta, en Cuzco. Naturalmente, también construyeron una red que vinculaba dichos sitios entre sí y los comunicaba directamente con la metrópoli, para permitir el envío de los tributos provinciales, el ir y venir de los comerciantes y en especial la rápida marcha de los ejércitos conquistadores.

Parece que los Wari practicaban una política colonialista a ultranza, en que solo interesaba el beneficio de la metrópoli en función de la máxima explotación de los territorios conquistados.

Por ello, sus asentamientos tenían la condición de verdaderos enclaves coloniales creados para controlar, política y económicamente el territorio en el que se asentaban. Los Centros Administrativos eran verdaderas "factorías" que focalizaban la actividad comercial de la región, captaban su producción, la almacenaban y la remitían a la metrópoli ayacuchana, todo ello dentro de las seguridades del caso. Por eso los Centros se rodeaban de altas murallas concéntricas y las zonas de habitación dentro de ellos eran cerrados recintos a los que sólo se podía ingresar escalando los muros desde estrechas callejas, que eran sustituidas, en muchos casos, por caminos que discurrían por lo alto de los gruesos murallones. Por eso también, los integrantes de la burocracia administrativa y las guarniciones militares imperiales no se afincaban en las provincias y regresaban a Wari tan pronto coma cumplían su misión de servicio y en caso de fallecimiento eran llevados al solar nativo para que los auquis tutelares velaran por ellos, y el Dios de los Báculos pudiera incorporarlos a su séquito de seres alados.

Probablemente esta es una de las razones por las que en las provincias casi no existen pueblos, palacios y cementerios Wari y tampoco templos o sitios ceremoniales, no obstante tratarse de gente que practicaba una religión ecuménica con fuerte sentido proselitista.


Religión de la Cultura Wari

En lo espiritual su religión se difundió ampliamente y el culto a Wiracocha tuvo general aceptación, tal como se acusa en la representación de su imagen y atributos en la cerámica y textiles regionales. Es de presumir que el auge de Ichma o Pachacámac, el Hacedor del Mundo costeño, que se inicia en este periodo, en parte se haya debido a su similitud con las cualidades y poderes de Wiracocha, el Creador del Universo serrano, el culto a los muertos también resulto afectado por lo Wari, pues en la costa se abandonó el tipo de entierros con el cadáver extendido sobre una angarilla y se adoptó el enfardelamiento de los muertos, sentados con el pecho apoyado en las rodillas y profundamente adornados y se les enterró en cámaras subterráneas rectangulares, de paredes de adobes y techos de barbacoa. Dichos entierros se efectuaban, generalmente, en forma intrusiva en los monumentos o cementerios de la cultura Lima, como en el caso de Maranga, Nieveria y Huanchi Huallas, y menos frecuentemente en cementerios propiamente Wari, como Pachacámac. Se piensa que el estado Wari era una sociedad secular, con un importante desarrollo de castas guerreras, antes que un estado teocrático donde los sacerdotes manejan el poder político. Sin embargo, mantenían una estructura religiosa que era impuesta, junto con la económica y la política, a los pueblos conquistados. Probablemente adoraban divinidades semejantes a los tiwanakus, como se desprende del uso de un mismo conjunto general de iconos en el arte con el estado altiplánico.



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